En la noche es cuando más brilla y se "prende" la cabeza. Es cuando se reflexiona, se piensa, se sueña.
No son pocas las noches que gana el desvelo, y que al menos yo, tengo la fortuna de ponerme a escribir y dejar que todo fluya.
Es una forma de catarsis, de botar la mala energía y dejar un recuerdo (más tácito aún) de las cosas buenas.
Desearía que siempre sea con motivo de una anécdota feliz. Pero la mayoría son conclusiones a las que uno llega tras un tropiezo o fracaso. La inspiración fluye. Los ruidos de la noche desaparecen y sólo se escuchan venir las palabras. El brillo de la pantalla opaca el titilar lejano de las estrellas.
Será posible cumplir todos esos sueños que uno tiene, aún despierto, muchas veces sólo abrazado a la almohada, rogando por que se hagan realidad??
Será posible que la noche aumente las posibilidades de algo mejor??
Llega la calma, llega la sobriedad más exquisita. Llega el momento del balance del día.
Sin duda es mucho mejor ser un soñador. Salir de esta realidad es revilizante.
Al dormir desaparece la ansiedad.
No hay temores.
La esperanza juega un papel fundamental.